LA REALIDAD SOBRE LIDERAZGO EN LA COCINA

24.06.2020 0 María G Ramirez de Arellano García
LA REALIDAD SOBRE LIDERAZGO EN LA COCINA

El liderazgo debe ser marcado por la dirección, clarificando las expectativas y dotando de una visión de futuro a la organización.

 Movilizar el compromiso del equipo de trabajo a través de los estímulos organizativos inspiradores. Hay que inspirar al equipo para optar a un rendimiento superior. (la fuente de inspiración no debería ser tanto el brillo de la propia personalidad del líder cuando la capacidad de generar principios, valores, conductas y proyectos inspiradores sea la meta.)

 LA INSPIRACIÓN SURGE CUANDO SE ENCUENTRA SENTIDO Y PROPOSITO A LA TAREA QUE SE HACE.

No es lo mismo verse picando piedra que haciendo una catedral. Todos somos, en parte, hijos de los estímulos que recibimos. Un ambiente estimulante fomenta conductas positivas y la creación de una sana complicidad entre los miembros del equipo.

Una de las claves esta en la ejecución, en hacer que se hagan las cosas que se acuerdan. La buena ejecución requiere metodología de trabajo y la disciplina que se espera de un buen profesional.

El resultado de estas variantes es la creación de equipos y culturas de la empresa atractivas que actúan de imán para personas con talento. Profesionales con vocación por el desarrollo personal y con una motivación para realizar un trabajo de calidad.

Un líder tiene que conseguir ganarse la cabeza y el corazón de sus profesionales. La cabeza se gana cuando las condiciones salariales y de trabajo son buenas. Ganar el corazón es otra historia: para ganar el corazón la gente tiene que poder decir y sentir “se me conoce” “se me valora”, “se me escucha”, “me identifico con el proyecto de la empresa y con el equipo gestor”. Las empresas son más fuertes cuando se han ganado el corazón y la cabeza para el proyecto.

LA FUERZA DE LAS EMOCIONES POSITIVAS

 Un equipo es un estado de ánimo. La efectividad se dispara si un equipo se siente seguro, se divierte, se siente valorado y unido, alrededor de un proyecto. Es así, el rendimiento de las personas esta influenciado por la manera en la que se siente. Todos sentimos en función de como sentimos y actuamos de una manera más o menos brillante.

 Por eso hay que gestionar el estado anímico personal y el de las personas que forman parte del equipo. Hay que transmitir el sentimiento de seguridad, el gusto por el reto, un sentimiento de valía y de importancia de lo que se está haciendo, un sentimiento de ser equipo, y de pasión por el desarrollo personal y por la mejora del servicio.

 Los estados de ánimo condicionan el rendimiento y se contagian. Un líder tóxico genera toxicidad, y viceversa. Y es que no hay activo sin pasivo. Los vínculos que generan el afecto y la admiración son mayores que los que generan el miedo y la inseguridad.

GUERRA AL CONFORMISMO

El éxito personal e institucional puede generar conformismo, y el conformismo decadencia.

La lógica biológica no es muy distinta, cifra las claves de la supervivencia de las especies no en el tamaño ni en la inteligencia, sino en la adaptabilidad al medio. En la flexibilidad que hace posible la mutación.

Ambas lógicas se aplican también a las empresas y los profesionales que las dirigen. Con el éxito muchas veces se acomodan en sus oficinas centrales, y pierden la frescura que fue la clave de su éxito.

En ese proceso de decadencia es típico que se mude el foco de gestión que antes estaba fuera a un foco en lo interno. Se pasa de darle importancia a las personas, los conceptos y los sentimientos a que la prioridad recaiga en los números, los hechos y lo fáctico.

Un buen liderazgo, por ello, ha de declararle la guerra al conformismo. No se puede disociar un buen liderazgo de la creación de un sano inconformismo, de una cierta transgresión de las rutinas que generan confort en las organizaciones acomodadas.

Un buen líder crea inconformismo para hacer que los desafíos, tanto de los cambios en el mercado como en las posiciones ligadas a la ventaja competitiva, tenga su respuesta institucional en un equipo motivado, entrenado y convencido de sus posibilidades de cambiar las cosas a mejor.